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¿Estás bien? Es una pieza realizada mediante Inteligencia Artificial por el colectivo Libres Para Siempre. Fue expuesta durante el mes de octubre en el espacio de arte contemporáneo Cruce (Doctor Fourquet, 5) en una muestra titulada El artista es una abstracción, o dos. Un remake de una exposición de hace treinta años, El artista es una abstracción, donde participaron los mismos invitados, comisariados por el artista y profesor Jaime Aledo.
Hay varias cosas extrañas en la imagen, que también tiene algo de espeluznante.
Lo más raro son las manos del niño. Las personas que han trabajado o visto imágenes realizadas con Inteligencia Artificial (da igual la aplicación utilizada) saben que es un “error” muy común de esta tecnología representar las manos con un número arbitrario de dedos.
Por su parte, lo espeluznante de ese collage de dedos y demás rasgos surrealistas es que nos devuelve una imagen de nosotros mismos que se revela fruto de una percepción exterior no humana. En otras palabras, las rarezas de la imagen sabemos que no obedecen a la intención del artista. (Es seguro que no ha dictado un promt que ordene realizar una imagen con siete y ocho dedos en cada mano). Este error raro resulta espantoso precisamente porque nadie lo ha pedido, nadie lo ha creado: se ha vuelto real solo, sin esfuerzo.
En este sentido, es fascinante que la IA parezca incapaz de entender la forma de tus manos cuando puede producir algo mucho más sutil como la mirada anhelante de un niño que, en lugar de orientarse hacia la cámara, se dirige al fotógrafo, lo que la convierte en algo conmovedor y muy realista porque los niños pequeños suelen hacer esto. Como avatar ventrílocuo, la IA también enuncia un espeluznante ¿Estás bien? que implica un amor con voluntad propia, que anda por ahí, cual ready made, interesado por tu bienestar, queriéndote calmado, curioso y orgulloso de tu humanidad.




El otro día estuviste en un debate sobre los límites de la autoedición. Volviste a casa y, reflexionando a tu bola, sobre lo lejos que estás de los autoeditores, te has dado cuenta de que tus libros de artista son un resto. Es decir, lo que se genera como sobras mientras se pintas algo. (Quien dice pintar dice cualquier otro medio de creación). Entre esos restos suele haber fotografías de procesos, pero también pensamientos. Pensamientos que a su vez serían como “exformas”, “sobrantes”, lo que no son formas… Así un libro de artista empieza queriendo documentar una obra y acaba siendo su vertedero. La pregunta es ¿quíen querría hacer una obra con basura? o en otras palabras ¿con qué ánimo se hace un libro de artista así? ¿es porque el “material (exforma)” si no lo edita uno mismo…? Aquí algunas mierdas de un libro que se llama “Originariedad” sobre “La mujer pingüina”. Sigue leyendo